Efemérides futboleras (9j/15j)

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Miquel Sanchis

Estamos de vacaciones, pero nos da tiempo a recordar, a esto del fútbol moderno no nos acostumbraremos nunca, además nos parece que el Sevilla juega todos los días. Repasemos que pasó en el fútbol «prepandémico» por estas fechas, cuando todavía a uno le daban ganas de ver los partidos. Aniversarios de cracks, goles históricos, polémicas y partidos para no olvidar, vamos con las efemérides de la semana:

SEMANA DEL 9 AL 15 DE JULIO

Era 9 de julio de 1994, y España e Italia se enfrentaban por un puesto en las semifinales del mundial de los Estados Unidos. Partidazo que nunca olvidaremos, con la parada de Pagliuca a Julio Salinas, el golazo de Roberto Baggio y la rabia al final con la agresión de Tassotti a Luis Enrique que el árbitro no quiso ver. Impotencia y rabia.

Al día siguiente, día 10 de julio, se enfrentaba en partido del mismo torneo, la selección canalla de Bulgaria y Alemania, vigente campeona. Los búlgaros protagonizaron la machada de eliminar a una selección muy potente, pero es que aquellos locos búlgaros jugaban mucho a fútbol, hablamos de los Stoichkov, Letchkov, Ivanov, Balakov o el portero con peluca. Una selección inolvidable.

Un 11 de julio, pero de 1958, nació uno de los mejores artilleros que han pasado por nuestra liga, el mexicano Hugo Sánchez. El manito fue la gran estrella de nuestro campeonato durante la década de los 80. Llegó al Atlético de Madrid en 1981, y prontó empezó a demostrar ese remate y esa efectividad que lo hacían uno de los mejores delanteros del mundo. En 1985, mediante una negociación triangular con Pumas de la UNAM, el futbolista acabó recalando en el eterno rival, el Real Madrid, donde tendría una época gloriosa. Era el Madrid de la quinta del Buitre, y el mexicano se hinchaba a goles en la Liga.
A algunos no les caía bien por su carácter, pero así son muchos de los mejores delanteros de antes y de ahora. En el recuerdo además de su chulería, sus volteretas y sus chilenas; y aquel «señor gol» al Logroñés.
Puro peligro, uno de los delanteros más letales que se recuerdan, y que jugó en el Rayo Vallecano en la temporada 93/94, aportando todavía goles al conjunto de la franja roja.

Gran efeméride el 13 de julio de 1930, pues el futbolista francés, Lucient Laurent, empujaba a las redes el que fue el primer gol de la historia de los mundiales. Se lo anotó hace ya 90 años a la selección mexicana.

El 14 de julio, un día después del primer gol mundialero, llegó la primera expulsión de la Copa del Mundo, la sufrió el futbolista peruano Mario de las Casas, que fracturó una pierna al zaguero rumano Steiner. Pero inolvidable y amoroso fue el pico que se dieron un 14 de julio Diego Maradona y Claudio Caniggia en La Bombonera, el día en que el xeneize le endosó un 4 a 1 a River. Puro amor

Precisamente un día después, el 15 de julio, cumple años nuestro amado Mario Alberto Kempes, otro crack argentino.

Natural de Bell-Ville (provincia de Córdoba, Argentina) Mario Alberto se formó en Talleres Bell-Ville, de donde pasó a Central Córdoba después de mentir en las pruebas y hacerse pasar por un tal Carlos Aguilera. Mintió porque que se había ganado fama con sus goles en la región, y sabía que al técnico de Central Córdoba no le gustaban los futbolistas con etiquetas o recomendados. En Central Córdoba despuntó y en 1974 llegó a Rosario Central, donde coincidió con una buena generación de futbolistas como los hermanos Killer o Aldo Poy, y bajo la dirección de Carlos Griguol se consagró como uno de los mejores delanteros de Argentina. 99 goles en 107 partidos en el club canalla, casi nada. 
Afianzado también en la selección argentina, el Valencia se hizo con los servicios del Matador en 1976.

Llegó a Valencia como crack y sus primeros partido no salieron demasiado bien, fue en un trofeo naranja, en el que lo pusieron a jugar todavía con jet lag y el astro argentino decepcionó,no atinó ni una ante el CSKA de Moscú y falló un penalti en el partido por el tercer puesto ante el Hércules, desastroso.
Pero ya en el primer partido de Liga marcó dos goles al Celta y en Valencia comenzó un enamoramiento con un futbolista fantástico dentro y fuera del campo. «No diga Kempes, diga gol» (¿o es al revés?. La afición disfrutó del delantero melenudo, de aspecto rudo, fuerte, gran rematador, y que podía actuar también en banda izquierda. Un futbolista que se ganó el corazón del valencianismo, y fue clave en la consecución de la Copa del Rey de 1979, la Recopa de 1980 y la posterior Supercopa de Europa. 
Con la selección argentina sus goles fueron claves para conseguir el mundial de 1978, que se jugó en su país.

A principios de los 80 aparecieron las malditas lesiones que lo apartaban demasiadas veces de los terrenos de juego. En 1981 salió a River Plate y en 1984 fichó por el Hércules de Alicante. Después jugó en Austria y en Indonesia, y ya prácticamente retirado se enfundó la camiseta de Rosario Central para marcar en una amistoso ante Newells, y la del Valencia para marcar algún golazo al PSV de Romario.
Como curiosidad, le quiso poner de nombre Natasha a su primera hija, el régimen dictatorial de Videla no le dejó a pesar de ser un héroe nacional. Así que pasados unos años le pudo poner Natasha a su segunda hija, un nombre precioso.

Actualmente es embajador del Valencia, club al que ama, como a la ciudad. Kempes es mucho Kempes.