Crónica desde el último reducto

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Pablo Miralles

«Saludos amigos. Me toca narrar una experiencia que difícilmente se puede explicar con palabras, pero es obligación ya que para mi supuso un auténtico descubrimiento en lo que la lucha contra el fútbol negocio se refiere, ese fútbol que tanto nos está dañando a los amigos de esta página que tanto me gusta a mí y a unos cuantos de vosotros también. Lo que si sabía yo (mayoritariamente gracias a esta página) es que en Florencia había un pequeño equipo de fútbol de categoría amateur que va totalmente en la línea de lo que a muchos nos gusta aquí, un “último reducto” de fútbol popular, con aires de casa ocupada, con un nombre que me resultó especialmente atractivo, nada menos que “Centro Storico Lebowski”, “El nota” o “Il Drugo” como se le conoce en Italia es el protagonista de la película “ El gran Lebowsky” y además el buque insignia de este equipo ya que su escudo es la cara de este personaje en un fondo oscuro. Sin duda algo que merecía una visita al menos para verlo en directo. 

Coincidiendo con unas vacaciones por Italia durante el mes de marzo de 2018, diseñé un itinerario que incluyese fin de semana en Florencia y de acuerdo con mi novia (a la que no le disgustó la idea de ir a ver un partido de futbol diferente y seguramente divertido) nos animamos y previo contacto con gente del club, reservamos el domingo y pusimos rumbo al campo de Tavarnuzze a las 12 de la mañana dispuestos a vivir un día de futbol diferente. En el centro de Florencia, al coger el bus para ir al campo vi a un chico con la bufanda del Lebowski, con pinta de ir al partido, le dijimos que íbamos al partido y muy amablemente nos indicó cuando nos llegó la hora de bajarnos y nos acompañó al estadio (sin su ayuda hubiese sido difícil). Gracias David si lees esto. Nos contó que era su último día, que se iba a Londres a hacer un máster y nos presentó a los Ultimi Rimasti del Centro Storico Lebowski (sus supporters) en el bar del estadio, los cuales parecían conocerle bien. Estos chicos refundaron el club AC Lebowski en 2010 como Centro Storico Lebowski, un club 100% autogestionado mayoritariamente por sus hinchas. Cimentado en sus credenciales y valores, crearon un club a su medida y que siempre representaría esa idea del futbol y de la vida contra viento y marea. Podría escribiros horas sobre lo que vi allí pero os lo voy a resumir un poco. 

Para empezar el Centro Storico esta empezando a formar chavales jóvenes de distintas edades en varias categorías , esto tiene mérito dado que esto es cosa muy difícil en un club de estas características, y lo que pudimos comprobar cuando llegamos al campo es que allí había unos 60 niños del Lebowski y equipos visitantes comiendo todos juntos, (barra libre de pizza para el que quiera por 5€) los propios aficionados del Lebowski son los padres de esos niños, y todos los niños van al partido de los mayores a animar al equipo y a pasarlo en grande, que es el objetivo que tienen y que logran como nadie que yo haya visto en un campo de fútbol. Luego los propios hinchas venden las entradas y el material, deciden todo en asamblea y se reparten las tareas. Los jugadores del primer equipo estuvieron viendo con nosotros el partido de las chicas del Lebowski femenino que no jugaban nada mal y que llevaron a un numero respetable de seguidores . 

A las 15:00 después de unas cuantas cervezas (a precios inimaginables en Italia) empezó el que fue uno de los partidos de fútbol mas bonitos de mi vida. Evidentemente no por el juego si no por lo que sucedió en la grada. La afición del Lebowski compuesta por hombres y mujeres de todas las edades clases y colores no cesó de animar durante los 95 minutos de partido a su equipo, que este andaba entonces primero en su división y que tenía a la parroquia en vilo. Grupos de niños, de chicas jóvenes, señores mayores… todos animando al Lebowski con orgullo y fe. Vi allí muchas cosas que me impresionaron, pero lo que más me choco fueron esas ganas de pasarlo bien de la gente allí presente que me hizo caer en la cuenta de que muchas veces sufrimos demasiado por el fútbol y nos olvidamos de pasarlo bien( yo el primero). Sentí que ellos han logrado convertir los domingos en algo auténtico para pasarlo bien y pueden estar orgullosos de cómo lo hacen, lo más maravilloso es que algo que empezó como “cosa de ultras” se ha extendido a una afición que esta construyendo un club desde abajo y que va tirando para arriba a su manera, cosa que puede parecer imposible pero no lo és. Para dar ejemplo están ellos allí, y es muy muy real. 

El partido se desarrolló dentro de una normalidad, la verdad es que la grada era mucho más interesante, pero el Lebowski estaba líder y ese año a la grada se le veía muy atenta a lo que sucedía en el campo a pesar de que para ellos no es lo más importante, 0-0 al descanso y charla con la afición local que nos trató de maravilla y nos agradecieron el habernos desplazado a animar y participar en la fiesta que son esos partidos. Después de hablar con bastante gente se reanudó el partido y el Lebowski se adelantó en el marcador a los pocos minuto. La grada respondió animando igual, con una colección de cánticos fácilmente comprensibles que daba gusto entonar junto con ellos. Diez minutos después el Lebowski cometió un penalti y el equipo contrario empató “aguando” la fiesta de un equipo que aquel año tenía la responsabilidad de ganar. La consigna del jefe de los ultras fue clara, seguir animando hasta el último aliento, cosa que no se había dejado de hacer pero lo que sucedió es que la grada redobló esfuerzos y los últimos 30 minutos fueron un no parar de cantar, animando al equipo a pesar de que el resultado era malo, por suerte el fútbol, que en mi vida ha sido muy cruel muchas veces con mis deseos, a veces da alegrías como un bello gol en el minuto 92 marcado por el equipo al que apoyas, es lo que sucedió allí y el abrazo con la grada fue más que emocionante. 

2-1 ganó el Centro Storico Lebowski en un partido que me marcó. Al terminar, los jugadores se acercaron a la grada a agradecernos el apoyo, cantaron como aficionados que también son y a continuación el jefe de los ultras nos mandó callar a público y jugadores para cantar por varios motivos, el primero la ocupación del Kurdistán por el ejército turco y la masacre inherente. Los segundos cánticos fueron por respeto a una circunstancia personal de seguidores del equipo, y lo último fue la despedida de la grada a David, el chico que nos guió al estadio, muy querido por la afición, y que finalmente fue bautizado como miembro de honor del equipo por el jefe de los ultras con cerveza y una especie de “boina” como reconocimiento de la afición. Sin duda un día de futbol inolvidable.

Este equipo encarna unos valores con los que yo particularmente me identifico mucho, autogestión frente al capital, libertad de pensamiento y comportamiento con respeto a los demás, pedir libertad para los pueblos oprimidos, apoyar activamente la ocupación social, precios populares gracias a la colaboración, pasarlo bien en los partidos y otras muchas cosas que a mi me han hecho ver que otro fútbol es posible y que esto puede ser un ejemplo a seguir por mucha gente, este y los otros clubes constituidos desde abajo cuando sean fuertes van a hacer temblar los cimientos del futbol capitalista (tengo la esperanza de que así sea), y que sepan los del Lebowski que muchos de nosotros pensamos así y que siempre apoyaremos a equipos como este. La resistencia frente al futbol negocio es dura, pero casos como estos nos dan esperanza. Solo me queda agradecer a los aficionados del Lebowski especialmente a sus ultras Ultimi Rimasti el trato y su entrega, ellos viven por un club que merece la pena, están muy bien organizados, orgullosos, y además se lo pasan en grande. Son inteligentes y saben lo que hacen, tienen todo mi respeto y mi admiración, y si algún día tengo una hija o un hijo y les gusta el fútbol espero que puedan crecer en un club como este y con esos valores. Y así concluye la crónica desde el último reducto contra el futbol moderno, solo un último consejo amigos, si lo que he escrito os ha gustado tenéis que ir allí a ver un partido, no os arrepentiréis ninguno. Abrazos».

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