El Mago

Carlos Roberto

Jorge Sergio Alberto González Barillas, conocido en España como «Mágico González», o simplemente «el Mago». Algo más que una leyenda.

Nacido en El Salvador logró clasificarse con su selección al mundial de España 82, algo que cambiaría su carrera y su vida, pues de no haber acudido a la cita con Naranjito, difícilmente hubiera podido llegar Mágico a Cádiz. En el mundial dejó destellos de su calidad. De su gran regate y de su enorme capacidad de desborde, y cuando terminó la cita mundialista le llovían ofertas de los principales equipos de América central y de algunos tan potentes europeos como el Paris SG. Finalmente Jorge puso sus pies en Cádiz, de la que no tardó en enamorarse. El calor de su gente y la idiosincrasia gaditana conectaban a la perfección con el carácter bohemio y sin complejos del salvadoreño.

Tuvo goles y actuaciones memorables vistiendo la camiseta del Cádiz. Aquel gol al Racing, o los que le marcó al Real Madrid y Barcelona, dejando muestras de su velocidad cuando encaraba portería a pesar de pasar más tiempo en la cama que en los campos de entrenamiento. Le gustaba salir a tomar vasos de leche en la noche gaditana, ya que nunca se acostumbró al cambio de hora y debido a su jet lag permanente surgió la leyenda del Mágico nocturno que todavía perdura. Dicen que jugó un Carranza con unas copichuelas de más, y aun así logró remontar al Barça (leyenda urbana). Cuentan que se quedó dormido en el vestuario en un intermedio. Palabras más, palabras menos, la verdad es que Mágico vivía como quería en Cádiz, arropado por una afición que lo idolatraba, y lo sigue haciendo. 

Pudo ficharlo el Barça, que incluso se lo llevó a una gira por U.S.A, pero algo pasó en el hotel de concentración que Jorge se volvió para Cádiz. Pudo fichar por el Atalanta, pero hizo la prueba mal a propósito porque no quería separarse de la que ya era su gente y su tierra. Pudo dejar de fumar, pero le ganó una apuesta a David Vidal. Pudo formar parte de la élite pero :

«Reconozco que no soy un santo, que me gusta la noche y que las ganas de juerga no me las quita ni mi madre. Sé que soy un irresponsable y un mal profesional, y puede que esté desaprovechando la oportunidad de mi vida. Lo sé, pero tengo una tontería en el coco: no me gusta tomarme el fútbol como un trabajo. Si lo hiciera no sería yo. Sólo juego por divertirme»

En 1985, el Cádiz lo cedió al Real Valladolid para ver si con el frío de Pucela Mágico mejoraba sus actitudes. Volvió después a Cádiz para una segunda etapa con más de lo mismo. Finalmente, en 1991 regresó a su país, dónde jugó hasta el año 2000. Después se ganó la vida como pudo, siempre vinculado al fútbol, y ha sido asistente técnico de la selección salvadoreña.