Karl-Heinz Rummenigge

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De pequeño, cuando entrenaba en el campo polvoriento de un humilde equipo de pueblo, nuestro entrenador (que en realidad era un forofo con gorra, pantalón corto y pito) solía decirnos cuando algún insolente intentaba una acción con más fe que calidad técnica «¿Dónde vas?¿ te crees que eres Rummenigge?», siempre era así, si querías hacer un cambio de orientación imposible, si pretendías conducir por una zona poblada de defensas y salir airoso, si lo intentabas de tiro lejano, si buscabas el remate imposible… aquel forofo convertido en entrenador siempre soltaba el jodido «¿Te crees que eres Rummenigge?», y a nosotros la palabra Karl-Heinz Rummenigge nos sonaba como a Dios todopoderoso que habita más allá de los cielos sin saber tan siquiera que era un hombre de carne y hueso, y que era alemán.

Dejados ya los partidos de fútbol de pueblo y con la llegada de internet y del diabólico You-tube, ver las jugadas de aquel futbolista endiosado está hoy al alcance de cualquier tuercebotas. 

Karl-Heinz Rummenigge fue uno de los mejores futbolistas de la historia del fútbol; ganador del balón de oro al mejor jugador europeo en 1980 y en 1981. Fue un delantero muy rápido y habilidoso, con un gran cambio de ritmo y una potencia espectacular.
Y por supuesto era completo, como bien sabía el de la gorra y el pito. 
Lideró el Bayern de Munich con el que lo ganó todo y fue subcampeón del mundo con Alemania en los mundiales de 1982 y 1986. De haber salido vencedor en alguno, hoy tendría, si cabe, más respeto todavía. Jugó también en el Inter de Milán y finalmente en el Servette suizo hasta que alguien le dijo «retírate ya Rummenigge».

Gran coleccionista de relojes, tuvo una anécdota en el aeropuerto de Munich con unos relojes que le habían regalado unos jeques de Catar, y tuvo que pagar una pasta para no ser procesado. Chanchullitos modernos vamos.

A sus 65 años todavía no ha perdido la pasión por el fútbol y su deseo de competir, es desde hace tiempo una especie de director general del Bayern de Munich e intenta cubierto en traje y corbata lo mejor para su club, a veces suelta alguna perla, es crítico, y si algún otro equipo grande tiene la insolencia de ir a pescar al vestuario del gigante de Baviera se enciende como una bombilla.

Hoy es un hombre muy feliz. ¡Felicidades crack!

Panini Rummenigge 1986