George Tawlon Manneh Oppong Ousman Weah

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Hoy cumple 54 años algo más que un futbolista, el liberiano George Weah.

Creció entre las chabolas de Clara Town, un suburbio de Monrovia, encontró su vía de escape en el fútbol y con sus goles se convirtió en todo un ídolo nacional que logró el Balón de Oro (el primer futbolista africano en conseguirlo) en 1995. Menuda potencia tenía Weah, por el que quedó impresionado Arsene Wenger tras sus actuaciones en Liberia, y no dudó en ficharlo para su Mónaco. Tras llegar a una final de Recopa que los del principado perdieron ante el Werder Bremen, fichó por el PSG donde formaría parte de un equipo de leyenda junto a Raí, Cobos, Ginola y compañía. Weah, se consagró como delantero fuerte, potente, veloz y rematador y ficharía por el Milan en 1995. 
En Italia maravilló, convirtiéndose en uno de los mejores delanteros del planeta, y dejó goles como aquel contra el Verona en que se cruzó el campo de área a área sin que ningún rival pudiera frenarle. Después de cinco temporadas en Milan, fichó por el Chelsea donde tuvo poca participación. Pasó también por el Manchester City, Olympique de Marsella y se retiró en el Al-Jazzera de los Emiratos Árabes.

Cuando colgó las botas, se metió en política y en 2018, tras ganar las elecciones, asumió la presidencia de Liberia. Fue embajador de Unicef, y desarrolló muchas labores solidarias, humanitarias y políticas para cubrir las necesidades básicas de un pueblo del que conoce su humildad.

Un pedazo de futbolista, implicado con los suyos y un hombre de paz.