De Leo Ramos a Héctor Hernández, como hemos cambiado

Miquel Sanchis

Pasan los años y de la memoria no se borrarán nunca los mejores goles con los que crecimos. Era domingo por la tarde de un 20 de septiembre de 1998, no recuerdo que estaba yo haciendo en ese momento pero sé que mientras desaprovechaba el tiempo de alguna u otra manera me encontraba escuchando el Carrusel Deportivo de la cadena SER. Fue tras el cotidiano pitido con el que se anuncian los goles, cuando el comentarista radiofónico de turno entonó un «vaya golazo de Leo Ramos en el Helmántico» que acaparó mi atención. Aquella tarde el Salamanca venció por 3 a 1 al Deportivo de la Coruña y Walter Silvani fue la estrella de un partido que se disputó ante casi 12.000 espectadores. Era la jornada 3 de Primera División y si el partido pasó por algo a la historia fue por el golazo del uruguayo Leo Ramos que, desde su casa y escorado en banda, lanzó un misil con la pierna derecha que fue adquiriendo cada vez más velocidad hasta colarse por la escuadra ante la impotente estirada de Jaques Songo’o. Un trallón en toda regla.

La tarde del domingo 1 de noviembre de 2020 (sí, más de veinte años después) estaba en casa yo tan tranquilo con ganas de distraerme con algo. Ya no me pongo el Carrusel, me aburre que no se jueguen todos los partidos a la misma hora, y a la que llevaba 10 minutos haciendo zapping en Netflix se me ocurrió que tal vez el fútbol de Segunda B me podía ofrecer algo con un poquito más de sentido. Preferí el Footters a la hora de la siesta, y pensaba realmente que el fútbol de bronce me iba a dejar frito de sueño. Entonces lo vi, Unionistas-Deportivo de la Coruña, jornada 3 «Como hemos cambiado me pregunté».

Demasiadas cosas han pasado desde la tercera jornada de 1998 en Primera hasta la tercera jornada de 2020 en Segunda B. Para empezar la Unión Deportiva ya no existe, se nos fue en 2013 y en la ciudad salieron dos corrientes, la que intenta suplantarla y la que le rinde homenaje. Estos últimos son los Unionistas, todo un ejemplo de autogestión que el año pasado logró jugarle de tú a tú al Real Madrid en Copa, tras eliminar precisamente al Deportivo de La Coruña. Y que decir de los gallegos, ni son la sombra de aquel equipo noventero que ganó la Copa del 95, la Liga del 2000, la Copa del centenariazo y que hacía temblar a cualquier coco en Europa. «Como hemos cambiado y como hemos sufrido» gente de Salamanca y gente de A Coruña, ahí estaban ahora sus aficionados, pendientes de lo que pasara en un campo de hierba artificial con las gradas vacías por los tiempos que tenemos que aguantar. Y yo viendo partidos de Segunda B en un ordenador portátil, no sé si se puede ser más friki.

Quise ver este partido en homenaje a Leo Ramos y aquel gol que perdura en lo más hondo de mi cacumen. Algunas notas de fútbol añejo pude percibir al salir los jugadores al campo. El Deportivo de la Coruña, como homenaje a la Copa que ganó el Superdepor hace ya 25 años, luce una equipación casi idéntica a aquella mítica Umbro de Feiraco, un diseño aquel que fue votado por los seguidores de Odio el Fútbol Moderno como la camiseta más linda de la década de los 90 y que fue creada por el diseñador Enrique Cabarcos Quintela. En la actualidad el Feiraco ha pasado a ser Estrella Galicia 0’0% cosas también de los tiempos en los que vivimos.

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La verdad, uno ve al Deportivo ahí y piensa «¿qué coño hacen estos aquí?». Todavía me estaba preguntando si el equipo romántico de Salamanca sería rival para este Depor cuando a la salida de un córner, el visitante Héctor Hernández lanzó desde su casa un trallazo con la zurda directo a la escuadra donde no pudo llegar el meta Serna. Minuto 1 y mi querido Leo Ramos ya había recibido su particular homenaje en forma de vendetta. Minuto 1 y ya había valido la pena ver el partido.

Ya no se movió el marcador, pero pudo haberlo hecho en varias ocasiones y en cualquier dirección. El Deportivo controló el partido, pero en su búsqueda por sentenciar la contienda, Unionistas (que fue de menos a más) pudo ocasionarle algún que otro susto. Creo que del gol de Héctor Hernández también me voy a acordar lo que me queda de vida, nacido en Valladolid, el chaval debutó en Primera cuando militaba en la Real Sociedad y ahora que ya es un futbolista consagrado lucha por volver a poner la blanquiazul del Depor donde se merece y, siendo pucelano no encontró mejor manera de debutar que anotando un gol antológico en Salamanca, se lo merece, después de pasarse la pretemporada lesionado.

Se encuentran historias bonitas más allá de Europa, Primera y Segunda, incluso uno puede rememorar viejos momentos viendo los partidos que no le interesan a casi nadie. Yo cada vez disfruto más este fútbol que practican auténticos señores, este fútbol de equipos clásicos e históricos mezclados con gladiadores de pueblo y proyectos que ilusionan compitiendo en esta maravillosa categoría. De Leo Ramos a Héctor Hernández, pues no han pasado cosas, pues no quedan cosas por pasar.