No hay Monos en Extremadura

Miquel Sanchis

No hace tanto, fue a mediados de los 90, en los tiempos de Goli, la Liga de las Estrellas, el fútbol los lunes en Antena 3 y la competición de 22 equipos. No hace tanto, de cuando los equipos extremeños se asomaron a la Primera, y por culpa de mi mundano sentimiento nostálgico no quise perderme el derbi del pasado domingo en el Francisco de la Hera, allí se volvían a enfrentar Extremadura (que ahora es UD y no CF) y Mérida (que ahora es AD y no Club Polideportivo).

Y es que las crisis no tuvieron piedad de estos dos históricos que resurgieron como pudieron de lo que un día fueron. En mi abatida memoria los tiempos de aquellos equipos ascensores con acento extremeño capaces de asustar a los equipos más grandes. El Mérida fue el primer equipo de Extremadura en alcanzar la Primera División, y en sus primeros partidos en la máxima categoría puso contra las cuerdas al Barça de Cruyff en el Camp Nou. 2-2 empataron los romanos en un partido en que Meho Kodro consiguió empatar de penalti en el último minuto. Eran los tiempos de David Pirri, Quique Martín o el brasileño Sinval. Del simpático Extremadura de Almendralejo recordamos a Dure, Ito, Pedro José, el Cuqui Silvani, o el regate de Pineda ante Lo Pelat. Aquel equipo comenzó siendo la cenicienta de la Liga y acabó enamorando a todo un país, y por poco no consiguió la permanencia.

De aquellos tiempos y en ambos marcos recordamos también a un portero de nivel, Carlos Fernando Navarro Montoya, «El Mono», un portero ilustre de Argentina que se subió a la moda del fútbol extremeño de la época y defendió los escudos de Extremadura y Mérida en sus tiempos dorados, a ambos, sin embargo, (y al Tenerife) los descendió.

«El Mono» tenía un estilo muy particular, de la escuela de porteros sudamericanos capaces de lo mejor y de lo peor, pero que son puro espectáculo para el aficionado. Si en algo sobresalía era en su dominio del uno contra uno, siendo uno de los mejores en esa faceta, porque Montoya no se ponía nunca nervioso, aguantaba al delantero y sacaba una mano o un pie imprevisible para arrebatarle el cuero. Su indumentaria y su look moderno le hacían no pasar desapercibido, un arquero con mucho carisma. Ya no hay looks atrevidos, ni uniformes con personalidad, en los porteros de ahora, ya no hay gente que salte al terreno de juego con ganas de dar espectáculo, aun así quise ver el derbi de la Segunda B entre los dos históricos que vivieron tiempos mejores y hoy se encuentran en Segunda B mirando tanto arriba como abajo.

El partido comenzó dándome unas maravillosas sensaciones, por fin escuché cánticos de afición, bombo y sonido real de gente. Gritos, música, pitos y silbidos, también algún insulto (fútbol) y es que la gran noticia fue la asistencia de público a un Francisco de la Hera que presumió de unas gradas pobladas a medias, con distanciamiento, porque se puede. Y comenzó el match ofreciéndome un gol a los pocos minutos del comienzo, cuando el azulgrana Víctor Pastrana (un habilidoso futbolista) culminó una buena acción individual con un disparo cruzado que Montoya no logró atajar («El Mono» no, otro Montoya).

Subidón de fútbol en mi interior con ese gol, y me imaginé entonces el derbi que nunca se jugó en Primera, con gente compartiendo jamón y vino en las graderías, con idas y venidas, ocasiones, goles, remontadas y marcadores abultados. Todo lo contrario a lo que en mi imaginario sucedió, el partido no ofreció mucho de sí. Empató el Mérida de penalti en el 26, gracias a la prodigiosa zurda de Barbosa que engañó al portero. A partir de ahí, el miedo se apoderó de los jugadores, prácticamente ni un tiro más a puerta en todo el partido, a veces pasa esto en Segunda B, cuando el miedo a perder supera al ímpetu de ganar. 1-1 terminó el derbi entre dos históricos refundados de sus cenizas, y yo me fui contento porque me sirvió para recordar, al fútbol de antaño y al Mono, si hubiera estado él presente seguro que hubiera ofrecido algo a un público que se adormecía entre la manta y el frío. Esa fue la nota positiva de la jornada, la multitud de gente que, al fin, logró disfrutar de su equipo, héroes.