Una mierda de leyenda

Miquel Sanchis

El 29 de octubre de 1977 el irlandés Mark Lawrenson futbolista del Brighton & Hove Albion F.C. se levantó con la alegría de siempre y la concentración necesaria para disputar el partido de liga que le enfrentaría al Cardiff City en el viejo estadio de Goldstone Ground. A pesar de tener tan solo 20 años, el joven Lawrenson ya destacaba como defensa central del equipo de las gaviotas y desde la zaga se había convertido en uno de los pilares y líderes de un equipo que aspiraba al ascenso. Se estaba convirtiendo en uno de los defensores más prometedores del Reino Unido y los clubes más prestigiosos de la primera división ya le habían echado el ojo y seguían sus evoluciones. Eso provocaba que el futbolista disputara cada balón con una intensidad desmesurada incluso para la época, y que gracias a su corpulencia se convirtiera en la peor pesadilla que pudiese tener un talentoso rival. Sus larguiruchas piernas segaban todo por abajo, balón y jugador, y hacía uso de su envergadura para ganar todos los balones aéreos, bigote al viento cabeceaba cualquier pelota que acelerase por los cielos. Sí, a pesar de tener 20 años Mark Lawrenson lucía bigote, y lo cortaba todo por arriba y por abajo. 

Pero aquel último domingo de octubre se las iba a ver con alguien a quien recordaría para el resto de su vida. El Cardiff City luchaba por mantener la categoría pero contaba en sus filas con un prodigio del fútbol cuyo talento no tenía nada que envidiar al de las grandes leyendas del deporte rey. Robin Friday había llegado un año antes al equipo galés después de jugar como un auténtico Dios en Reading, estaba considerado la estrella y el futbolista más habilidoso del Cardiff City y era el único de los 22 jugadores capaz de ganar el encuentro él solo haciendo uso de alguna de sus genialidades de crack. 

En el primer balón que tocó Friday, este ya pudo notar el aliento del joven irlandés, que lo lanzó al barro de primeras. El chaval cumplía con su acometido, borrar a Robin Friday del partido, y con un marcaje férreo de los de la época lo desquició a base de patadas y recaditos en cada lance del juego. Los goles además, fueron cayendo en favor del Brigthon para más mosqueo del talentoso y cada vez más impotente atacante. 

Comenzada la segunda parte, sucedió lo que tenía que suceder, entradón de Lawrenson que esquiva Friday, pero este en vez de seguir con la jugada decide patear la cabeza del defensa que había quedado cerca de su pie de apoyo. El árbitro no dudó en expulsar al agresor y Robin Friday tuvo que abandonar el terreno de juego. Carácter díscolo tenía Robin, que años antes había declarado ante las cámaras de televisión «en el campo odio a todos los oponentes. No me importa un comino nadie. La gente piensa que estoy loco, un lunático. Soy un ganador». Además había dejado una imagen para la posteridad al enseñarle los dedos a un portero que abatido en el suelo acababa de encajar un gol suyo. De camino al túnel, entre los abucheos de la parroquia local, el temperamental atacante improvisó su último plan. 

Con permiso de Gary Lineker, cuenta la leyenda que la mierda más popular del Reino Unido fue la que realizó Friday en la mochila de Lawrenson mientras el resto de jugadores continuaban jugando. Pero la historia carece de veracidad, lo que si fue real fue que Robin Friday lanzó toda la ropa de sus compañeros a la ducha y por el inodoro y la dejó empapada e inutilizable. Se marchó del estadio antes de que llegaran sus propios compañeros que tuvieron que volver a casa con los chándals que les dejó prestado el Brigthon y con el asquío de haber perdido finalmente por 4 a 0. 

Fue aquel el último partido en la carrera de Robin Friday, tenía todavía 25 años, pero prefirió alejarse del fútbol a pesar de que los aficionados del Reading recogieron firmas para su regreso. Ni caso, pintó las paredes de su casa de negro, dejó un cuadro de Kandinski colgado en la pared y se dedicó a escuchar discos de Pink Floyd al tiempo que consumía cada vez más estupefacientes. Adicto a las pastillas desde los 15 años, cambió el balón por todo tipo de drogas cayendo definitivamente en 1990 con una aguja en el brazo. 

Por su parte, el otro protagonista de la historia, Mark Lawrenson, se convirtió en el futbolista que todo el Reino Unido había predicho. Fichó por el Liverpool en 1981 y se convirtió en leyenda red, entre otros títulos levantó cinco ligas, una F.A Cup y una Copa de Europa. En la actualidad es comentarista deportivo, esperemos que algún día nos desvele el misterio sobre si hubo una mierda de leyenda o una leyenda de mierda.