Michael Owen

Hay fútbol el 30 de diciembre en medio mundo y en Inglaterra destacamos un partido que en los 90 era un auténtico choque de trenes, un Newcastle-Liverpool, dos de los equipos para los que goleó un tal Michael Owen.

Era mayo de 1997, tiempos de Reebok y Carlsberg en la zamarra red del Liverpool, y un chaval de 17 años con cara de niño bueno, salía al campo en sustitución de uno de los jugadores referencia, Robbie Fowler, y debutando contra todo un clásico del fútbol inglés, el Wimbledon, que años después desaparecería víctima de una cruel injusticia moderna. En un fútbol todavía de botas negras y tallas grandes, aquel «yogurín» llamado Michael Owen encandilaría a los aficionados al fútbol con su electricidad, desparpajo y una enorme resolución cara a gol. No tardó en convertirse en una de las mayores promesas a nivel mundial, y en la temporada 97/98 explotó, participando en una gran cantidad de goles del Liverpool y echándose al equipo a la espalda.

Owen, era un ratoncillo que se colaba en cualquier espacio, rápido como un rayo, sereno en el uno contra uno, determinante como una serpiente, no fallaba nunca, y en 1998 ya disputó la gran cita mundialista. Allí, en el mundial de Francia, marcó un gol maradoniano frente a Argentina, un golazo que está considerado como uno de los mejores de la historia de los mundiales. Convertido ya en ídolo nacional, el escurridizo delantero siguió goleando tanto en la selección inglesa como en su amado Liverpool, donde fue clave para proclamarse campeón de la UEFA en el 2001, en la mítica final contra el Deportivo Alavés. Aquel equipo red, te mataba arriba, y aunque no logró levantar la Premier League, realizó grandes temporadas acompañadas de títulos coperos. Sus actuaciones valieron para que en el año 2001 consiguiera levantar el Balón de Oro como mejor futbolista del mundo.

En el verano de 2004, fichó por el Real Madrid de «los Galácticos» y aunque las expectativas eran tremendas, nunca dio la sensación de convertirse en el delantero referencia del club blanco. Por aquel entonces, el brasileño Ronaldo, Raúl González o incluso Fernando Morientes lo relegaron en demasiadas ocasiones al banquillo, y el pobre Owen, que en ocasiones obsequió con pinceladas de auténtico crack mundial, se marchó al verano siguiente rumbo al Newcastle.

Con las urracas, el inglés tuvo un inicio radiante, iba a casi gol por partido, pero aparecieron las lesiones que lo retiraban de los terrenos de juego en demasiadas ocasiones. Se levantó como pudo y terminó goleando para el Newcastle, incluso el Manchester United apostó por sus servicios en 2009, siendo Owen un delantero ya maduro y experimentado. Se retiró finalmente en 2013 en el Stoke City, con un montón de partidos y goles a sus espaldas. 40 goles en 89 partidos como internacional, casi nada.

Michael Owen, una sensación de los 90, que pudo haber llegado a más.

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