¡Qué bien juega el Badajoz!

Miquel Sanchis

Domingo frío en la ciudad de los con barbas modernos, y yo sin mucho que hacer en estos tiempos que caminan lentamente. Este era el típico día, que antaño, o no hace tanto, buscaba refugio en el calor de una grada de barrio, y desde allí aprovechar los únicos rayos de sol que ofrece la mañana. Ahora todo es distinto, no hay grada a la que pueda entrar, y me encierro en mi cuarto con café, calefacción y dejo entreabierta una marquesina por la que entra un poco de luz que no arde si no acaricia. No me queda otra que ver el partido en mi ordenador, otra vez, y menos mal.

Se puede jugar un Liverpool-Manchester United, se puede jugar un Inter-Juve, se puede jugar la final de la Supercopa más moderna, que yo siempre tiro para el fútbol auténtico, en el que predomina el arte todavía sobre la ciencia, aquel alejado de injusta tecnología, el fútbol de verdad, el que se disputa de Segunda B para abajo.

Del abanico de posibilidades que se me ofrecen, pongo la atención en el Badajoz- Socuéllamos. No veo al histórico C.D. Badajoz desde el partido de fase de ascenso a Segunda División que se jugó en verano, donde el equipo albinegro, entonces bajo las ordenes del pequeño pero grande Pedro Munitis, jugó de tú a tú a todo un Barça B. Ahora, con Fernando Estévez, el club extremeño tiene unos números que acojonan, así que me dispongo a ver el partido contra un clásico del fútbol manchego, la Unión Deportiva Socuéllamos, que ahora lleva nombre también de vino, Yugo.

Los 6 primeros minutos ya valen la pena, en un majestuoso y soleado Nuevo Vivero, ambos equipos pisan el área rival y y tienen ocasiones para marcar. Los locales, con sus clásica albinegra tocan más el balón, buscan amplitud y miman el cuero, los visitantes, hoy de rojo, juegan un juego más directo, y esperan con su 4-4-2, con las líneas muy juntas, sus contras y sus cambios de orientación son puro veneno y a punto están de avanzarse en el marcador. Pero al minuto 8, es el Badajoz quien encuentra portería merced a un gol en propia puerta de Ramón Blázquez, que despeja con mala fortuna un centro peligrosisimo hacia el delantero Gorka Santamaría. Mala suerte para un Socuéllamos que estaba trabajando muy bien.

A partir de ahí, el dominio del Badajoz fue claro, y un gusto para el aburrido futbolero dominguero. Posesión con criterio, recital de triangulaciones al primer toque, mimo del cuero, tacones, centros al área, diputas siempre ganadas, regates de ensueño, disparos de lejos, ritmo… un placer ver al Badajoz jugar un fútbol vistoso, elegante y alegre, y con su apuesta va encerrando a un Socuéllamos, adueñándose de un partido que no llega a matar. Resisten los visitantes, con un Viktor Nikolov sublime, incluso tienen opciones claras al contraataque, gracias a la verticalidad que ofrecen sus delanteros. Pero la Primera mitad terminó con un asedio de los locales, con ocasión tras ocasión, siempre con jugadas perfectamente elaboradas, aunque que no aciertan a definir.

¡Qué bien juega el Badajoz! la segunda mitad es más de lo mismo, control total del balón, lo prueban por una banda, lo prueban por la otra, y los manchegos resisten, sabedores de que volverán a tener su oportunidad. Faltaba un último pase, una pincelada de creatividad, y con la entrada de Dani Aquino (hijo del gran toro) el Badajoz logró poner una marcha más y algo de desparpajo, para al fin acabar con la esperanza roja en el minuto 71 con un gran gol de Clemente. Se acabó el partido, y los últimos 20 minutos, ya sin presión, el equipo sacó de nuevo sus credenciales con su fútbol total. De golpe franco magistral Pascual anotó el tercero y el «torito» Aquino anotó de penalti el 4-0 final.

El Badajoz me da muy buenas impresiones, y yo me quedé más que satisfecho viendo ese fútbol de salón, viendo a un conjunto que hoy por hoy es una apisonadora en su grupo y que huele a campeón y quién sabe si a Segunda División. Volveré al sol del Nuevo Vivero desde mi pequeño estudio de Barcelona. De verdad, ¡qué bien juega el Badajoz!