Un modesto con alma grande

Francisco Reig

Pocos son los equipos que sean tan conocidos en nuestro fútbol por nombre más que por sus méritos en el campo. El Alcoyano, un club y una afición hechos a sí mismos, que han pisado todas las categorías de nuestro fútbol, de los pocos que saben lo que es codearse con los más grandes de nuestro fútbol y al mismo tiempo sabe lo que es bajar al barro visitando los campos más modestos.

A lo largo de los más de 90 años de nuestra historia hemos oído muchas teorías que nos acuñaban la más que conocida frase a la que nos unen, pero la realidad es que el nombre y la historia del «Deportivo» no es cuestión solo de un partido, más que un partido, lo que define al Alcoyano y a su moral traspasa el fútbol, es una identidad, una filosofía de ver y vivir el fútbol y la vida, una forma de ser del Alcoyano y los alcoyanos. Nuestro carácter, nuestra forma de vida y de fútbol no entendida de otra manera que no sea la de no rendirse nunca, la de rebelarse ante cualquier adversidad. Una filosofía y una identidad que no se explica, se siente y se tiene, algo que pasa de padres a hijos y de hijos a nietos, una forma de entender el fútbol plasmada en un campo como el viejo Collao, que respira y siente fútbol. Un estadio único, de los que gustan, peleones, donde la afición también juega, donde puedes ver al más tranquilo saltar y gritar como si no hubiera un mañana, abrazarte a la persona de al lado sin conocerla por un gol. Porque eso es lo que somos, le ponemos pasión a todo, para lo bueno y para lo malo, es lo que somos. Aún recuerdo cuando era pequeño y mi padre me contestaba cuando le decía que yo era del Barça y luego del Alcoyano, y el me miraba como quien mira al niño que habla desde la inocencia y me decía: «Ya lo entenderás». En efecto, ahora lo entiendo, gracias, Papá. Porque en nuestro Collao recuerdo haberle dado a mi padre uno de los abrazos más sentidos y especiales que nos hemos dado nunca, el de aquel maravilloso día, allá por 2011, el del ansiado ascenso a Segunda después de 42 años.

Un equipo y una afición construidos a nosotros mismos y con una identidad forjada durante más de 90 años que ha mantenido a este maravilloso club en pie incluso en sus peores momentos, los que de verdad sacan lo mejor de uno mismo. La idea de luchar cada partido, sin importar el nombre ni la categoría del que está enfrente. Una identidad que ha dado nombre a un club rodeado de vecinos más ilustres y poderosos, pero que nos han tenido que sufrir. Un equipo humilde con alma de grande y con algo único que nada ni nadie le quitará nunca: Su identidad, su moral y su gente.

Moral y victoria.