Roberto Jorge D’Alessandro Di Ninno

La Unión cumpliría hoy 98 años, pero desgraciadamente la entidad charra desapareció en junio de 2013. Desde entonces, la ciudad de Salamanca vive día día en el recuerdo y la nostalgia de un equipo que dio tantas buenas tardes a la parroquia que cada quince días visitaba el Helmántico. Dos equipos con filosofías antagónicas representan hoy al fútbol salmantino, dos equipos que militan en Segunda B con suerte dispar, dos equipos que intentan devolver la pasión por el balón a una ciudad víctima del fútbol moderno. Recordemos al futbolista que más veces ha defendido el escudo de la extinta Unión Deportiva Salamanca, recordemos a Jorge D’Alessandro.

Portero valiente y sobrio, Jorge se formó en el Club Atlético San Lorenzo de Almagro. Su buena estatura y su atrevimiento le hacían atajar balones imposibles saltando de palo a palo, en la época en que todos los porteros llevaban las rodillas peladas, aquella época en la que a pocos metros del gol el verde se perdía, y una zona de barro marcaba las áreas chicas. Estuvo en la plantilla del mejor Ciclón que se recuerda, entre los años 68 y 74. Hasta que el club porteño realizó una gira europea y el destino le enfrentó a la Unión. En aquel partido, «el gordo» defendió el marco de los argentinos, y los salmantinos quedaron tan impresionados con el coraje y el estilo del guardameta que quisieron contratarlo. Tras solventar unos problemas burocráticos, Jorge D’Alessandro se convirtió en portero de la U.D. Salamanca, y se adueñó del número 1 prácticamente en las diez temporadas en que jugó para el club charro. Contribuyó con sus actuaciones a una época dorada del club, y fue trofeo Zamora en las temporadas 74-75 y 76-77. En un choque con Dani, delantero del Athletic, terminó perdiendo un riñón, pero su pasión y su cabezonería le devolvió a los tres palos antes de tiempo. Sufrió más lesiones importantes, y en 1984 colgó los guantes con 334 partidos disputados con la Unión, más que nadie.

Enamorado de una ciudad que enamora y totalmente adaptado a nuestro país, Jorge se quedó en Salamanca tras su retirada entrenando en categorías inferiores. En 1990 dirigió a un Figueres con el que a punto estuvo de hacer historia. A partir de ahí, se sentó en el banquillo de multitud de clubes españoles, y en tres etapas en el de su querida Unión. A pesar de tener fama de «desciende equipos», a otros los consiguió ascender. Además, estuvo a las ordenes de gente como Lopera o Gil en los 90, y eso es algo que debe a uno pasar factura. Su última experiencia en un banquillo fue en 2013, cuando entrenó al Huesca.

Ha sido un habitual de los programas de fútbol-basura, siempre mostrándose como un auténtico apasionado del deporte rey. Una leyenda bajo palos.

Jorge D’Alessandro cromo Panini