Juan José Juárez Valera

Nuestro querido Gandia cumple años, en nuestra memoria grandes tardes bajo el sol y el olor a Anís Tenis de la grada de preferente, en nuestro deseo que todo aquel fervor por ver fútbol en la ciudad ducal vuelva en un futuro próximo. Ojalá retornen aquellos tiempos de ver el Guillermo Olagüe lleno hasta la bandera, ojalá retornen también aquellas fases de ascenso, como las vividas en los tiempos de Juanjo Juárez. Muchos jugadores que vistieron la camiseta blanquiazul llegaron a jugar en Primera, alguno nacido en la misma ciudad, como es el caso de nuestro protagonista de hoy.

Formado en las inferiores del C. F. Gandia, Juárez llamó la atención de los ojeadores del Valencia por su enorme fortaleza física. Actuando como defensa, se mostraba inexpugnable, firme y con una enorme capacidad de concentración. En 1984, con 22 años, le llegó la hora de debutar en Primera División bajo el escudo del murciélago, pero no eran buenos tiempos en la ciudad del Turia y a Juárez le tocó vivir la pesadilla del descenso y el añito en el infierno de todo un Valencia C.F. En su retorno a Primera, la difícil papeleta de sacar de la titularidad a Voro o Giner le relegaba en demasiadas ocasiones al banquillo y fichó por el Recreativo de Huelva en busca de minutos. Jugando en segunda mostró su valía, basada en el poder de su fortaleza física, y también en mantener el control en cada situación y en una alta profesionalidad. En el verano de 1990 se marchó al Albacete de Benito Floro, y allí haría historia como zaguero del recordado «Queso Mecánico», aquel Alba que rozó la clasificación europea y jugaba un fútbol que era arte. Tras sus buenos años en Albacete, Juárez pasó al Real Murcia, después estuvo en el Villarreal pre-Roig y colgó las botas en el Gandia ejerciendo de líder y capitán del equipo que logró el retorno a la Segunda División B en 1996. Juárez fue pieza fundamental en los éxitos que el Gandia obtendría durante la segunda mitad de los 90.

Siendo ya todo un veterano, jugó algunos años en el modesto fútbol de peñas de la comarca de La Safor, volviendo a los campos de tierra y al «almorsaret», con la camiseta del Rompeolas, un ilustre equipo de fútbol amateur. Todavía era un gusto verlo jugar, siempre noble, y no pasaba nadie.

Cromo Juárez Ediciones Este