El Cacereño de Rinus «Julio Cobos» Michels

Miquel Sanchis

La mayoría de la gente se levanta los domingos pensando en la paella, la calçotada, el asado, y el vermut o los vinos con los colegas. También está el futbolero solitario que se queda recogido cada finde en casa encadenando partido tras partido de fútbol moderno, ya lo hacía antes de la pandemia, y en el peor de los casos derrocha su dinero en la encerrona de las casas de apuestas. Yo ni una cosa ni la otra, este domingo no hacía pinta de mediodía de borrachera, paso, y el fútbol con V.A.R no lo soporto, no puedo con él, y sin público me parece un suplicio. Así que yo me fui a ver fútbol del bueno (al menos para mí) y gracias a las nuevas tecnologías los findes uno puede elegir y ver muchos partidos de Tercera.

A mí me gusta el fútbol con un poco de alcohol y megafonía distorsionada, el de publicidad de restaurantes y mesones en las vallas publicitarias, y sponsors de carpinterías. A mí, poligonero del fútbol, me molan las líneas mal pintadas sobre un verde que se hace marrón o amarillo por partes desiguales. A mí, nostálgico, me gusta el aroma a hierba, a mí me gusta el clamor del populacho y los gritos solitarios de «arbitrucho», ese pedo sabanero que algún fan lanzó algún vez para describir al fútbol modesto. Yo disfruto así, con la Tercera, porque el mundo me ha hecho a su imagen y semejanza.

Quise esta semana adentrarme en en el vientre de la Tercera extremeña, quise ver a ese Club Polideportivo Cacereño que tan simpático me caía en mis tardes noventeras dándole a una promanager en mi viejo PC. Quise ver que tal juega ese equipo que tiene unos registros que huelen a Segunda B, quise hacer como si me encontrara en el majestuoso Príncipe Felipe disfrutando del partido ante un ya clásico de la categoría, el Club Deportivo Azuaga.

Una vez teletransportado, disfruté de la mañana soleada en Cáceres, en un estadio que evoca a liguillas y fases de ascenso, a partidos locos bajo el ruido de bombos y olor a humo verde, así me gusta imaginarme ese estupendo campito del Cacereño, lleno a rebosar, con ambiente a fútbol de verdad. Había gente en las gradas, y con ese rayo de esperanza, de que todo va air a mejor, se dispuso el partido ante mis ojos.

No tardaron en enseñarme los locales su arsenal de posibilidades: bloque alto, presión arriba, buena salida de balón, fútbol creativo y combinativo, jugadas a un toque, a dos, y sin que el balón quemara, el Cacereño juega a fútbol total. A tal repertorio se sumó el peligro a balón parado, y de esta manera, tras una jugada ensayada de córner, el delantero Capelo finalizaba de cabeza a la red. 1-0, minuto 12, se advierte partidazo de los locales, y así fue. Aunque no crean que el Azuaga se achantó, vestidos con su clásica indumentaria estilo Athletic Club, se acercaron alguna vez a puerta rival con peligro, en algunas se toparon con el portero local Bernabé, en otras cayeron palomas fusiladas al suelo, no estuvieron finos los atacantes cuando pudieron empatar la contienda. Pero era el Cacereño quien dominaba el juego sin conseguir sentenciar también por el buen hacer del meta Vela, que hizo alguna parara de mérito. Justo antes del descanso, una jugada trabada en el área terminó con derribo y con gol posterior, pero como el árbitro ya había señalado la pena máxima se tuvo que lanzar desde los once metros. No erró Pablo Palatero que lo puso todo de cara con el 2-0 antes del descanso.

Tras el gol psicologico, en la segunda mitad se vio a un Cacereño confiado que buscaba con la calma el tercero. Pudo llegar en cualquier balón centrado desde la banda y finalmente lo consiguió con un fabuloso gol obra otra vez del genial delantero Capelo que remató espectacularmente y en plancha otro cabezazo a la red. Era el minuto 78 y estaba ya todo más que decidido. Pedazo delantero el ex del Coria, Carlos Lominchar de las Heras, alias Capelo, un experto «romperedes» de la categoría.

Y me quedé con ganas de ver más al Cacereño durante esta temporada, me la guardo, el técnico Julio Cobos no es Rinus Michels, pero su apuesta es tan interesante como la de los grandes sabios neerlandeses. Auguro una temporada de éxitos al conjunto verde, y me lo anoto en la agenda, nos volveremos a ver.