Germán Adrián Ramón Burgos

Ayer hubo superclásico en Argentina, pero la noticia se dio en Rosario: el polifacético Germán «el Mono» Burgos se convierte en nuevo entrenador de Newell’s Old Boys. Seguiremos de cerca las evoluciones del equipo leproso después de que Burgos coincidiera en su carrera con grandes técnicos y de que se convirtiera en el fiel escudero de Diego Pablo Simeone en su exitoso Atlético de Madrid.

Tras estar un poco pesado, el Mono ha hecho algo de régimen, se ha renovado las gafas y ha adquirido un look que recuerda en algo a Marcelo Bielsa. De joven lucía una magnífica silueta y a los 20 años ya debutó en la Primera División de Argentina como portero de Ferro Carril Oeste. Nunca pasó desapercibido en la portería, comportándose como uno de esos arqueros excéntricos y atrevidos que tanto abundaban en los 90 en Sudamérica. Espectacular en cada acción y desgarbado en sus pintas, no tardaron en apodarle «el Mono», y en 1994 River Plate apostó por llevarse al elástico portero.

Cinco temporadas se mantuvo en la portería de River, donde ganó tres Apertura, un Clausura y una Copa Libertadores. Además, se dejó melena y fue internacional con Argentina desde 1995, disputando los mundiales de Francia 98 y Japón-Corea 2002. No obstante, también se le recuerda por encajar un gol antológico de Chilavert desde el centro del campo. En 1999 el Real Mallorca buscaba sustituto del también argentino Roa en su portería, y fichó al Mono, que se aventuró a venir a España en una decisión que le cambiaría la vida.

No pudo pasar desapercibido en la Liga, sus greñas, sus pintas y su manera de atajar en seguida le pusieron en el candelero. Muy recordado es su recurso conocido como «La Postura de Dios», en la que se arrodillaba y extendía los brazos en el uno contra uno. Y también dejó constancia de su carácter en nuestro campeonato, que le pregunten a Serrano, futbolista del Espanyol, al que el Mono propinó un puñetazo que le costó once partidos de sanción. En 2001 fichó por el Atlético de Madrid, equipo con el que ascendió de los infiernos y con el que pasó a un segundo nivel. Gorra y melena, medias rojas, paradas con el pecho, despejes de cabeza… en el Vicente Calderón se vio al Mono más Mono, ¡hasta paró un penalti a Figo con la cara!, y con sangre en la nariz siguió jugando.

Paralelamente a su oficio entre los tres palos, el Mono compaginaba su carrera como estrella del Rock N’ Roll, y su personaje chiflado todavía caló más hondo en el corazón atlético. La grada le gustaba y a la grada le gustaba él, no obstante, Joaquín Sabina metió el nombre del Mono en la letra del himno del Centenario. En 2003 se vio obligado a abandonar la práctica del fútbol debido a un cáncer de riñón. Salió de esa, con su carisma no tardó en aparecer por medios de comunicación como colaborador y en realitys. Hasta que en 2011 volvió al Atleti para acompañar al Cholo Simeone en su proyecto.

Ahora, después de muchos años actuando de segundón, será el cabeza de cartel en Newell’s, el «number one», el protagonista principal, esperemos que escriba su mejor canción en un club con tanta historia. Hay Rock n’Roll en Rosario.