Todo empieza con Champagne

Miquel Sanchis

A mi ponme un derbi en domingo, a mi ponme tensión, a mi ponme un estadio con solera y a mi ponme escuchar a la afición. A mi ponme bajo el sol de La Condomina, a mi ponme emoción, pero sobre todo, pon un Nereo Champagne en mi equipo, capaz de atajar cualquier balón.

Se disputó el domingo uno de los derbis de Murcia, sol primaveral y ruido de afición de verdad, nada de sonidos postizos del FIFA; la sociedad parece que respira y se ve ya la luz al final del túnel y ver un ambiente como el que hubo en el UCAM-Real Murcia fue todo un subidón de alegría y esperanza. Murcia es una de las ciudades que el fútbol negocio asaltó, dejando allí y en otras poblaciones cercanas sus despiadadas garras. El triángulo de las Bermudas del fútbol negocio. A los continuos problemas económicos de un histórico como el Real Murcia, a finales de los 90 se sumó la creación del C.F. Ciudad de Murcia de la mano de Quique Pina, que tuvo un ascenso meteórico para después emigrar a Granada dejando huérfana a una afición que se supo buscar la vida refundando el equipo como accionariado popular. Paralelamente, una tercera vía surgió en la ciudad desde la Universidad Católica y es propiedad del controvertido cartaginés José Luis Mendoza. El equipo católico fue ascendiendo, y juega actualmente en una casi desconocida «Be Soccer Condomina» donde prolifera el color azul. Los tiempos han cambiado en la ciudad, y más allá de las evidentes disputas territoriales, el duelo se ponía interesante por lo apretado que está el grupo en Segunda B, con ambos equipos buscando una plaza en la siguiente fase de ascenso a Segunda.

Césped natural, aspersores regando el verde durante el calentamiento y griterío de gente que con responsabilidad ocupaba unas gradas que llevan mucho tiempo añorando un fútbol que ya no volverá. Azules y granas salieron al terreno de juego y en las caras de los futbolistas se reflejaba la importancia del envite. Los locales, que llevaban los deberes hechos y salieron más decididos, sorprendieron al minuto 6 con un gran gol de Alberto Fernández de certero disparo a la base del palo, el único lugar donde no podía llegar el meta murcianista Nereo Champagne.

Hablemos de Champagne, 190 centímetros de estatura y mucha experiencia, formado en San Lorenzo destacó en el fútbol argentino convirtiéndose en ídolo de Club Olimpo antes de fichar en 2017 por el Leganés de Primera División. En Murcia lleva desde enero y si no fuera por él, si no fuera por sus actuaciones entre el minuto 28 y 34, el Real Murcia se hubiera ido al descanso con un resultado imposible de remontar en el segundo tiempo. El meta argentino lo paró todo, a bocajarro, en salidas, por alto, por abajo, sacando manos imposibles o saltando de palo a palo ante la incredulidad de los delanteros locales, y de esa afición que se divertía en el vetusto estadio. En esos minutos de asedio local, incluso se reclamó un penalti, pero en este fútbol sin VAR de segunda B, se decidió que no era día para penalti en La Condomina. Con el 1-0 se fueron ambos equipos hacia el túnel de vestuarios.

En la segunda mitad los de Salmerón no quisieron tomar riesgos, y le dieron bola a los visitantes para poner el cerrojo y salir en rápidos contraataques a buscar el marco de Champagne. Se mostró sólida en defensa la UCAM, y en un fútbol de «sigan, sigan» y buenas jugadas individuales, casi siempre en las botas de Carrillo, los visitantes no eran capaces de lanzar a portería a pesar de tener la posesión del balón. Pero, en el minuto 93, cuando los locales abrazaban ya los 3 puntos confiados, y el Real Murcia insistía más con el corazón que con la cabeza, una internada de Carrillo terminó en un centro y en remate inapelable de Alberto Toril (aquel que jugaba en el Madrid no, otro) al fondo de las redes. Un gol celebrado, que quitaba las vergüenzas de ver al Real Murcia en una posible ¿cuarta división? y que dejaba el derbi en tablas. De hecho, tampoco cambia mucho la cosa, el Real Murcia deberá todavía espabilar y mucho, sus vecinos (esos nuevos ricos) les siguen mirando desde arriba. Pero como nos divertimos con el Champagne ese, tremendo portero, con él todo será siempre posible.