Tracas de nuestros padres

Sergi Aljilés

“Un recuerdo maravilloso, un instante de plenitud absoluta. El desenlace soñado. El delirio”             

Paco Lloret

Todo era muy distinto. Esas simples palabras resumen todo lo que mi padre me ha contado siempre sobre la liga del 71. Empezando por él, claro. Solo se pueden disfrutar los 18 un año en tu vida. Y él los cumplió ese año, el 71.Y era un año de gozo, pues con 17 recién cumplidos (71 al revés) se sacó el pase de general de pie Gol Gran para esa temporada. Su vida estaba a punto de cambiar, cursaba PREU y la familia se estaba mudando de la vieja finca en la calle Siurana, en Velluters, al nuevo piso en el barrio de Les Tendetes. Valencia nunca te la acabas, pero vivir en Ciutat Vella era otra cosa muy distinta.

Yo le escuchaba, y no me lo creía del todo. Claro que todo era muy distinto si me decía que vio al València ganar títulos siendo un niño. Los había visto ganar una copa (por la tele, que ya la tenían) y 2 (casi 3) copas de Ferias. Para mí, pequeño valencianista criado en los años de plomo de los 80-90s, pensar en ver ganar un título a mi equipo era casi una utopía. El acabose. Una Liga ya ni dijéramos. Pero él lo vio, en directo, en Mestalla, un Mestalla que claro que era distinto al que yo veía. Aquel era un estadio de gradas verticales, sillas de Enea en la tribuna, marcador Dardo, tracas en las gradas, almohadillas para sentarse en el cemento, caliquenyos y copas de coñac, bombón helado y turrón Meivel. Pero yo solo lo escuchaba e intuía como podía ser, por mi imaginación y por las imágenes que devoraba en el libro de Hernandez Perpiñán “La Gran Historia del Valencia CF”.

Claramunt (Don José), Paquito, Aníbal, Antón, Sol, Abelardo, Barrachina eran nombres que mi padre pronunciaba con una entonación especial, o así yo lo sentía, y aún lo siento cuando los repito en mi cabeza. Tiene esa liga partido a partido en la cabeza, y a los jugadores del once que entrenaba, nada más y nada menos, que la Saeta Rubia. Jugadores de pelo en pecho, tíos como la copa de un pino, unos defensas que ahora partirían por la mitad a los Messis y Ronaldos, una defensa férrea, un portero ágil como un gato, unos extremos con una velocidad endiablada, y al mando, el señorío de Paquito y la magia de Don José Claramunt. Però, ¿i el gol papà?, preguntaba yo. No nos hacía casi ni falta un delantero centro. Los goles los marcaban todos, nadie destacaba por su faceta anotadora…aunque hubo uno que marcó un poco más que los demás, uno que metió el GOL. Así, con mayúsculas. El más celebrado en la historia de nuestro club. El GOL de Forment.

La bandera blanca con el escudo del murciélago ondeaba la primera en la numerada descubierta el día 28 de marzo de 1971. Se enfrentaban València y Celta de Vigo, un partido a priori, no de los más atractivos del calendario pero que, debido a la pugna que mantenían en la cabeza de la tabla Barça, Atleti y los xés, se antojaba fundamental. A las 16:30 comenzaban los 3 encuentros, y gracias a las claves en el programa de partido, se podía interpretar el marcador Dardo. Encendedores Flaminaire para el Atleti, que jugaba en Atotxa, y champú Caspolén para el Barça que lo hacía en el Molinón. Entrar a la vorágine que era la vieja general de pie con un transistor no era muy buena idea. Cigarro preparado, “Valencia” de Padilla y, ara a patir, como decimos por aquí.

La primera parte no deparó mucho buen fútbol, pero un zarpazo de Enrique Claramunt (Claramunt II) abrió el marcador en una de las pocas ocasiones que hubo. El portero visitante las tuvo tiesas con los espectadores situados detrás de él en el gol sur, los “grises” miraban para otro lado. Medía parte. «Pollos asados Casa Casareo» por megafonía. Los resultados acompañaban y todo indicaba que la tarde se ponía de cara para las ilusiones de mi padre.

Al comenzar la segunda parte, empanada mental, y gol tonto del Celta. Lezcano, jugador celtinha, se aprovechó de un balón suelto en el área para empatar. Y ahí comenzó el show. Jugadas enrevesadas para llegar a nada, nervios en el césped y, sobre todo, en las gradas. Gomez Platas, arbitro madrileño, anuló 2 goles a Forment, uno en un más que dudoso fuera de juego posicional. En los otros partidos, los del encendedor resisten y aguantan la victoria, y los del champú sentencian en los últimos minutos. Se nos escapa, pensaban todos. Otra vez.

Tal vez los 50 años que se cumplen de ese día hagan que los recuerdos de mi padre obren la magia, pero pareciera que cambiaba el viento, el fresco levante valenciano, y las banderas se agitaban con furia cuando, en el minuto 92, se decretó un córner a favor de los de blanco. Sergio lo pateó desde la esquina de numerada 8 hacia la portería del gol norte o xicotet. Adelantándose a todos, Forment, el xicot d’ Almenara, saltaba conectando con el balón, y marcando el 2-1 más glorioso que Mestalla había visto. Mi padre, como los más de 50.000 espectadores, tiraron una traca, una traca que sonó como un grito, un gooooollllll como nunca se oyó. La celebración fue apoteósica, se vivía un puro paroxismo en las gradas. Sobre ese momento mi padre, con sus palabras, apuntaló mi militancia.

Ahora mi padre tiene 67 años, y aunque se lo dejó por unos años, tenemos el pase en el mismo sector donde él vivió este partido y esa liga. El sitio al que esperamos volver pronto, y poder volver a oír la traca que supuso ese gol, la misma traca que vuelve a sonar todos los días 28 de marzo en Mestalla. La traca del 71.  La traca del GOL de Forment.