El tanque con clase

Miki Duque

Fernando Morientes es uno de los mejores delanteros de la historia de España. Natural de Cilleros, Cáceres, pasó casi toda su infancia y juventud en Sonseca, en Toledo, y allí comenzó a jugar, en la Escuela de Fútbol Base Diana, para pasar después a las categorías inferiores del Club Deportivo Sonseca, de donde lo ficharía el Albacete Balompié S.A.D.En el conjunto manchego, en Segunda División entonces, se estrenó como profesional siendo aún menor de edad, con 17 años.

Hizo 8 goles en 31 partidos entre los años 1993 y 1995 y demostró suficientes maneras como para que lo contratara el Real Zaragoza, de la Primera División de España. En el club maño permaneció dos temporadas, 95-97, disputando 79 partidos y anotando 34 goles entre todas las competiciones, rendimiento que, unido a su juventud, provoca que el Real Madrid C.F. decida hacerse con sus servicios.Y aquí llega la gran etapa de su carrera. 272 partidos y 100 goles de blanco en siete temporadas, repartidas en dos etapas, ganando dos veces LaLiga y nada menos que 3 UEFA Champions League como títulos mayores. Titular habitual, quitando sus dos últimas campañas donde sólo un tal Ronaldo Nazário consiguió quitarle el puesto, disputó de inicio las tres finales continentales, marcando en la segunda de ellas el primero de los goles con el que los madrileños derrotaron al Valencia C.F en la primera final de la Copa de Europa de la historia en la que se enfrentaban dos equipos de un mismo país. Lo hizo de certero cabezazo, su gran especialidad como futbolista. Luego le devolvería al conjunto ‘che’ algo de lo que le había quitado y de la misma manera, pero a eso iremos más adelante. Como decíamos, el remate de cabeza era su mayor -que no su única- virtud como futbolista. Hace justo 18 años, el 10 de febrero de 2002, en una goleada del conjunto de Chamartín a la Unión Deportiva Las Palmas (7-0), nuestro protagonista hizo 5 goles, de los cuales 4 fueron de cabeza, 3 de ellos a centro de Luís Figo. Probablemente, un hecho sin precedentes, al menos en España. Si bien es verdad que por lo general no tuvo cifras goleadoras espectaculares para jugar en el Madrid (sólo superó los 20 en dos ocasiones, 25 en la 98-99 y 21 en la 2001-2002), en parte por sus continuas lesiones de tobillo, tan leves como frecuentes e inoportunas, siempre fue importante para el equipo, con la excepción de esas dos últimas campañas en las que fue relegado al banquillo por un ‘Fenómeno’ que venía de ser el máximo goleador del Mundial 2002.

Y entonces llegó la sorpresa. Para la temporada 2003-2004 se marchó cedido al AS MONACO y dio un rendimiento increíble. Los que lo conocíamos sabíamos que, dentro de que era un delantero centro puro, no estaba exento de técnica. No era un Oliver Bierhoff, por así decirlo, era más que un rematador. Sin embargo, creo que nadie, salvo Didier Deschamps, su técnico en el conjunto monegasco, había pensado nunca en que podía jugar de segundo punta y hacerlo tan bien. El ‘9’ de los del principado era Dado Pršo, este sí, el típico jugador fuerte y corpulento más limitado técnicamente, aunque con gol, como recordarán con dolor los aficionados del Real Club Deportivo de La Coruña. Pues bien; así las cosas, el ‘Moro’ se ubicaba detrás del croata en la pizarra del míster galo y el resultado fue el siguiente: 42 partidos y 22 goles, máximo goleador de la UEFA Champions League con 9 de esos goles, fue elegido mejor delantero de la competición y subcampeón de la misma con un equipo sin historia alguna en Europa. Espectacular. Además, por el camino eliminó al propio Real Madrid, que todavía lo tenía en propiedad, en cuartos de final, gracias en gran parte a nuestro protagonista, que hizo un gol en el Bernabéu y otro en el Estadio Luis II, ambos de cabeza. Después volvió al equipo de la capital de España para disputar una última temporada, la 2004-2005, en la que apenas disputó 19 encuentros y anotó 3 tantos hasta el mercado de invierno. De ahí, nueva aventura en el extranjero, se marchó al Liverpool FC, desvinculándose por completo del Madrid. En temporada y media no se llegó a adaptar del todo, aunque dejó buenos detalles. 60 partidos y 12 goles.

Decidió volver a nuestro país, fichando por el Valencia C.F y teniendo una nueva resurrección futbolística. Estuvo 3 años jugando para los del Estadio de Mestalla, 2006-2009. En su primera campaña hizo 19 goles en 37 partidos. En la última, 7 en 34. Pero la más importante fue la segunda, cuando consiguió 8 en 31 partidos, uno de ellos muy especial. Lo hizo en la final de la Copa Del Rey, nuevamente de cabeza, para sentenciar al Getafe C.F. a falta de 5 minutos para el final, cuando un apretado 2-1 campeaba en el marcador. Una temporada convulsa en la entidad valencianista que sin embargo se cerró con un broche de oro, el que puso ‘El Moro’. Y terminó su carrera en el Olympique de Marseille, donde, ya lastrado por las lesiones, sólo pudo convertir 1 gol en 19 partidos.Pero si hay algo que quiero destacar de la carrera de Morientes, es su espectacular trayectoria individual con la Selección Española de Fútbol (SeFutbol). Con 27 goles en 47 partidos, es el 6º máximo goleador de la historia del combinado nacional, con un porcentaje que, de entre los 10 primeros, sólo superan una leyenda del fútbol como Alfredo Di Stefano (0’74, con 23 goles en 31 partidos) y David Villa Sánchez, nuestro goleador histórico, con 0’60 (59 en 98). Hay que tener en cuenta que Morientes jugó en esa España ‘de entreguerras’ que nunca pasó de cuartos. En el Mundial de Francia ’98, su primera gran competición, con Javier Clemente al mando, hizo 2 goles en 2 partidos, siendo titular sólo en 1 y cayendo el equipo eliminado en primera fase. Luego se perdió la Eurocopa 2000.

Siempre soy muy respetuoso con los entrenadores porque sé lo que es sentarse en un banquillo, pero en esa ocasión critiqué la decisión de Jose Antonio Camacho, que para mi sorpresa, reconoció al final del torneo: «Me equivoqué, debí haber traído a Morientes». Sí que lo llevó al Mundial de Corea y Japón 2002, donde el ‘9’, pese a partir como suplente de un estelar Diego Tristán, que había sido Pichichi de LaLiga esa temporada, aprovechó la lesión del sevillano para entrar en el equipo y no salir en todo el torneo. En 5 partidos, 3 como titular, hizo 3 goles. También uno legal no concedido en aquellos cuartos de final de infausto recuerdo para los aficionados españoles. Y por último, en la Eurocopa 2004, a las órdenes de Iñaki Sáez, volvió a mojar a pase de tacón de su compañero y amigo Raúl González Blanco, haciendo uno de los dos únicos tantos de un combinado nacional que volvió a caer en primera fase.Y además de todo lo citado, le tengo un cariño especial por un motivo muy personal: el 24 de marzo de 2007 cumplí uno de mis sueños de fútbol en el Estadio Santiago Bernabéu, cuando pude ver por primera vez un partido de la Selección Española de Fútbol (SeFutbol) en directo. Ganamos 2-1 a Dinamarca, en encuentro clasificatorio para la Eurocopa 2008 que acabaríamos ganando -así que también es un poco suya- con sendos golazos de ‘El Moro’ y Villa. Recortó con la derecha y disparó con la zurda, dejando constancia de su buen manejo con las dos piernas. Fue el primer gol de España que yo vi en un estadio y el último que él metió con La Selección.