Joaquín Sánchez Rodríguez

Odio el fútbol moderno no suele dedicar su cromo del día a un futbolista contemporáneo, alguna vez lo hemos hecho con un tal Buffon, pero es que estamos ya casi a mitad 2021, en una temporada donde se habla mucho de Vinicius, Pedri, Ansu Fati, Haaland o Mbappé y muchos otros futbolistas del futuro que todavía gateaban cuando Joaquín ya estaba disputando mundiales. Es más, alguno todavía no había nacido mientras el Pisha maravillaba con sus regates en aquel bochornoso mundial de 2002. Porque Joaquín forma parte todavía de una generación de futbolistas que se formaron en campos de tierra, con botas negras de cordones kilométricos que uno se ataba en el tobillo como podía.

Nacido en el Puerto de Santa María en el mismo año que los dos puretas que fundaron esta página, se formó en Los Frailes y San Luis, hasta que en 1997 llegó a los juveniles del Real Betis y coincidió con una buena generación de futbolistas que levantaron la Copa del Rey en categoría juvenil. En el año 2000 llegó al primer equipo, y muy pronto se ganó a la afición, no solo la del Betis, también la del resto de España, por su desparpajo, su impresionante cambio de ritmo, «sus fintas y sus sprints» y por un carácter alegre y divertido. Joaquín se ríe de todo, de él mismo también, y aunque a veces peque de graciosillo es de agradecer que siempre tenga un chiste en la manga. Cuando de aquí unos años alguien funde una página llamada Odio el Fútbol Postmoderno seguro que dedican mil posts a este incombustible extremo derecho. Tal fue su irrupción, que en el año 2002, con 19 añitos, ya era un habitual de la selección, y José Antonio Camacho se llevó sus regates de ensueño al mundial. Pasaban los años y la perla seguía en el Betis, ganó una Copa, parecía que se iba a quedar toda la vida, pero en el verano de 2006 fichó por el Valencia, que tenía 25 millones guardados para una estrella mediática. Fue un fichaje con una historia rocambolesca, porque el máximo accionista del club, Manuel Ruiz de Lopera, se opuso en el último momento e hizo sufrir al chaval, que fue cedido al Albacete y hasta las oficinas del club manchego tuvo que ir el pobre para cancelar la cesión y poder fichar finalmente por el club de la capital del Turia.

En Valencia coincidió con otros grandes futbolistas, con los que tuvo más competencia, mostró muchos detalles, anotó goles, dio un buen puñado de asistencias pero también tuvo altibajos. En el club che levantó otra Copa y nos enseñó la «pisha», un grande. Llegaron los petrodólares a Málaga y en 2011 Joaquín volvió a Andalucía esta vez para vestirse de azul y blanco. Siguió mostrando un fútbol excelente y ayudó a que aquel proyecto se clasificase para la Champions League. En un gran momento de forma fichó por la Fiorentina de Italia en 2013, donde muchos pensaban que daría las últimas patadas al balón. No fue así, en 2015 volvió al Betis, donde todavía se pega carrerones y deleita ya en su tercera o cuarta juventud.

A sus casi 40 años se ha convertido en un hombre récord, tanto en el Betis como en la Liga. Records curiosos también, pues no hace mucho superó a Esnaola como el futbolista que más partidos ha perdido en la historia de la Liga, seguro que se lo toma a guasa el del Puerto de Santamaría. Hoy en el Real Betis se asegura su renovación de contrato que le retiraría con 40 tacos, mientras tanto hay un Betis-Valencia y no queda casi nadie de los de antes, pero Joaquín sigue, Joaquín dura, y dura.

Cromo Joaquín Real Betis