El 5-0 y el 5-0

Miquel Sanchis

Nuestra añorada década de los 90. Nirvana, videoconsolas y videoclubs, jugar al escondite o a polis y cacos, la vida sin móviles. Pero con la página 135 del Teletexto, el Carrusel, el fútbol en abierto y chándales feos y brillantes…y la liga fantástica. El fútbol español andaba en supuesta efervescencia tras la conversión de los equipos en sociedades anónimas: ruedas de prensa siempre calientes, pisotones y mamporros, y presidentes que perdían el control demasiadas veces… la liga de las estrellas.

El tiempo es una rata que roe nuestro cerebro cuando nos hacemos mayores, pero lucha contra ella la nostalgia. El recuerdo de aquellos años va ligado a grandes partidos de fútbol. Un fútbol atrevido y sin explicación, que burlaba cualquier teoría o análisis en un deporte todavía sin analistas pedantes. Aquellos maravillosos tiempos son recordados por la cantidad de goles que nos dejaban los imprevisibles partidos: los impresionantes Barça-Atlético de las remontadas, el 4-3 del Salamanca al Barça y otros partidos locos de la Unión, el imposible 3-4 del Valencia en el Camp Nou (cuando todo parecía perdido), las ligas de Tenerife (las más emocionantes) cuando todo parecía ganado o aquel penalti de Riazor que González paró para no dar una Liga al Depor. El año del increíble doblete del Atlético, la primera Copa de Europa del Madrid en color, la primera del Barça en toda su historia, el Pc Fútbol, el Día Después, la Recopa del Zaragoza… partidazos, partidazos, Estudio Estadio, golazos como el de Zalazar o Nayim (cuando se chutaba desde medio campo) y, como no, el 5-0 que recibió el Madrid del Barça y el 5-0 que recibió el Barça del Madrid. Fueron años locos, guión del mejor videojuego que jamás haya existido: la realidad.

8 de enero de 1994. Camp Nou

Acabábamos de despedir 1993, el año de la muerte de Pablo Escobar, el año en que Bill Clinton se había convertido en presidente de los Estados Unidos, el año de la separación de Checoslovaquia y de los Hombres G, de la canción “Hombres” que Eva Santamaría cantó en Eurovisión y uno de los años en que Miguel Indurain ganó el Tour de Francia. En aquel verano, el Barça fichó al delantero brasileño Romario, que iba marcar un carro de goles de fantasía (sería Pichichi). El fútbol se preparaba paraba el gran acontecimiento del año: el mundial que se iba a disputar en un país sin alma futbolera: los Estados Unidos de América.

El 8 de enero de 1994 llegaba el primer choque de la temporada entre los dos grandes del fútbol español. El Barça era el claro favorito, el equipo de Johan Cruyff, había ganado las tres últimas Ligas (dos in extremis en Tenerife) y con Romario en punta, rompía cualquier defensa y lo hacía de cualquiera de las maneras. Todavía sin la sentencia Bosman, solo cuatro extranjeros podían formar parte de la plantilla, y solo tres de ellos podían coincidir en el terreno de juego. En el Barça, Romario, Koeman, Stoichkov y Laudrup peleaban por no ocupar un puesto en el banquillo, casi nada. El Dream Team.

El Real Madrid de Benito Floro, vivía a la sombra de los azulgrana. 10 años llevaba sin ganar en el Camp Nou y en la temporada 93/94 le costaba mantener la regularidad necesaria para pelear por una liga que casi gana el Deportivo. Pero, los blancos habían ganado la Supercopa al Barça y llegaban al primer gran partido del año motivados para dar el golpe. Aquel partido, sin embargo, pasaría a la historia por ser el gran partido del Dream Team de Cruyff. Aquella fría noche, Romario marcó un hat trick y anotó un gol que pasaría a la historia por la espectacular «cola de vaca” con la que eludió a Alkorta. Además, Koeman anotó un espectacular gol de falta que Paco Buyo ya había visto, y Michael Laudrup puso en bandeja uno de los goles de Romario pasando el balón con elegancia mientras miraba a los aficionados culés a los ojos. Iván Iglesias anotó el quinto y Barcelona enloquecía veinte años después de que, con Cruyff vestido de corto, se venciera a los blancos por 0-5. Veinte años no son nada.

7 de enero de 1995. Santiago Bernabéu

Acabábamos de despedir 1994, el año en que Kurt Cobain decidió dispararse en la sesera, el año de la fuga de Roldán, el año de Alejandro Abad y su “Ella no es ella” en Eurovisión y otro de los años en que Miguel Indurain ganaría el Tour de Francia. En aquel verano, Romario había logrado con sus goles llevar a Brasil a la conquista de su cuarta Copa del Mundo, Stoichkov había sido el máximo goleador en la cita mundialista americana y Michael Laudrup fichó gratis por el Real Madrid. El danés no renovó con el Barcelona, que le ofrecía tan solo un año más de contrato y sin asegurarle la titularidad, y la suplencia de Laudrup en la final de la Champions que los azulgrana perderían por 4-0 contra el Milan fue la gota que colmó el vaso. “No aguanto más a Cruyff”, a Michael le hacía mucha ilusión jugar aquella final contra su hermano Brian. Ninguno de los dos la jugó. Su vendetta fue fichar por el Real Madrid de Jorge Valdano, que se traía del Tenerife al centrocampista argentino Fernando Redondo, en un proyecto ilusionante que pretendía romper la hegemonía del Barça en Liga y, de paso, devolver lo que Valdano y Redondo le habían “robado” a la entidad de Concha Espina.

El 7 de enero de 1995, 364 día después de la humillación de la manita del Camp Nou todo había cambiado bastante y los futbolistas del Real Madrid estaban preparados para la venganza. El Madrid de Valdano practicaba un fútbol de fantasía, con Redondo y Laudrup llevando la batuta en el centro del campo, con Amavisca que era un puñal en la banda izquierda, con Iván Zamorano que se reivindicaría aquella temporada como el gran delantero que era (sería Pichichi) y con el derroche de esfuerzo y desparpajo que aportaba en cada partido un chaval llamado Raúl, sin duda, la sorpresa de la temporada. Nada pudo hacer el Barça de Cruyff, frente al rodillo blanco. Romario, tras ganar la Copa del Mundo tenía morriña de volver a jugar en Brasil, Stoichkov lo había dado todo también en el mundial con su gran Bulgaria, pero «al llegar a España, vaya, vaya, aquí no hay ganas”. Se había perdido mucho en la final de Atenas, el Barça era un polvorín, y a principios de 1995 quedaba lo peor, sufrir el 5-0 del eterno rival. El fin de ciclo estaba servido.

Aquella fría noche de enero, Iván Zamorano realizó un hat trick, Luis Enrique anotó el cuarto, y el quinto lo marcó el Puñal de Laredo. Michael Laudrup realizó uno de los mejores partidos que jugó en el Real Madrid, que aquella temporada lograría el titulo de Liga. Quinto título de Liga consecutivo para el danés, héroe en los dos 5-0 que pasarían a la historia.

Fueron años locos, de partidos que todavía recordamos casi 30 años después como si fuera ayer. Las nuevas generaciones, los que no disfrutaron de aquellas historias, pueden disfrutarlo también ahora gracias a las nuevas tecnologías.

«Sé que duele. Seguramente es la derrota más dura de toda vuestra carrera’«

Son las palabras que dijo José Mourinho a sus jugadores en 2010 cuando el Real Madrid volvió a recibir una manita en el Camp Nou. Y es verdad, no hay derrota más dura para un culé o un merengue que perder ante su máximo rival recibiendo una inmortal manita. Y es que Barcelona y Madrid son como el agua y el aceite, como el poli y el caco, aunque tengan también muchas similitudes. Por ejemplo, el buen recuerdo que dejó en las dos aficiones ese caballero del fútbol llamado Michael Laudrup, clave en el 5-0 y clave en el 5-0, perdonado y respetado, tanto en Madrid como en Barcelona. El único hombre que celebró ambas goleadas.