Helmut Duckadam

Ayer se cumplieron 35 años de la final de la Copa de Europa entre el Steaua de Bucarest y el F.C Barcelona y un futbolista copaba hoy todas las portadas. El partido, disputado en Sevilla el 7 de mayo de 1986, tuvo un protagonista especial, el portero rumano Duckadam. En una época en que los campeones de cada país jugaban eliminatorias hasta llegar a la final y los equipos del este podían competir por alzar la orejona, el Steaua de Bucarest se proclamaría campeón tras derrotar en los penaltis a un Barça que era claramente favorito.

Duckadam fue el héroe, parando cuatro penaltis al conjunto azulgrana que el alemán Bernd Schuster vio ya en el hotel. El guardameta rumano se convirtió en leyenda del Steaua y pasó aquella noche a la historia de la Copa de Europa.
No obstante, el «héroe de Sevilla» fue internacional tan solo en dos ocasiones, y colgó los guantes definitivamente en 1991 en las filas del Vagonul Arad.

Existe un leyenda urbana sobre una rocambolesca historia entre él, Ramón Mendoza, un Mercedes blanco, unos sicarios y el hijo de Nicolae Ceaucescu.
Sea como fuere, Duckadam no ocultó nunca su mala relación con los Ceaucescu, pero siempre negó lo del Mercedes.

Tras su retirada trabajó como guardia de la policía fronteriza, creó escuelas de fútbol, pero algo salió mal y pasó por unos problemas económicos hasta verse obligado a vender los guantes de la final. Pasó una temporada en Estados Unidos y al regresar a Rumanía tuvo una incursión política al convertirse en el hombre de confianza de Gigi Becali, dueño del Steaua y fundador de un partido nacionalista de derechas. El mismo Becali, nombró a Duckadam presidente de honor del club.

El portero bigotudo siempre recodado por ser la estrella de la tanda de penaltis y luchó contra un aneurisma que por poco le deja sin su brazo izquierdo.

Una vida de Súper héroe.