José «Pep» Pérez Serer

Nacido en Quart de les Valls, Pep Serer se formó en las categorías inferiores del Villarreal, donde sobresalió de tal modo que el Barça lo incorporó para su filial en 1987, cuando el Barcelona Atlético militaba en la Segunda División. Un año después, en octubre de 1988, Serer debutaba en el primer equipo azulgrana a la edad de 22 años.

Con sus 189 centímetros de altura, destacó como defensa central. Su fortaleza física, su intensidad, el buen trato del cuero y su capacidad para despejar balones aéreos, lo convertían en un zaguero inexpugnable. Pero, con pocas oportunidades de jugar en el Barça de Cruyff, en 1989 puso rumbo a Mallorca, donde se afianzó como titular de un equipo que, aunque logró un subcampeonato de Copa, descendió a Segunda a principios de los años 90.

En 1993, el Valencia buscaba un sustituto de Voro, que había fichado por el Deportivo de la Coruña. El club de la capital del Turia se fijó en Serer, defensa de características similares al de l’Alcudia, y nuestro protagonista pudo retornar a Primera nada más y nada menos que para jugar en un gran equipo como el Valencia. De su paso por Mestalla, se le recuerda por ser el autor del penalti a Nando en la última jornada de la Liga 93/94, penalti que pararía el meta González a Djukic, provocando la desolación de la afición del Deportivo de la Coruña.

En 1995, fichó por el Villarreal, club donde se había formado y que aspiraba a hacer cosas importantes. En el club amarillo se consolidó como titular y fue pieza clave en la plantilla del histórico ascenso a Primera en 1998. En el año 2000, siendo ya todo un veterano, reforzó el filial del Valencia disputando siete partidos en Segunda B antes de retirarse.

Cuando colgó las botas, el bueno de Pep estuvo como formador en el fútbol base del Barça y después se fue a entrenar a Kazajistán. También estuvo como segundo de Abel Resino en el Celta y el Granada, para finalmente volver al Barça esta vez como ojeador (scout le llaman ahora).

Actualmente goza todavía de buena forma física, y se le puede ver realizando excursiones y almuerzos por el Montgó, la Vall de la Gallinera y las preciosas montañas de la Marina y la Safor. Y es que a Pep Serer, le gusta el Mediterráneo, de hecho no jugó en ningún equipo que no estuviera cerca de su amado mar.

Si hay un Mallorca-Valencia recordamos a Serer, un futbolista que siempre jugó cerca del Mediterráneo.
Pep Serer cromo Ediciones Este