Paulo Sérgio Rosa “Viola»

Apenas un año lo tuvimos en la Liga, pero el delantero brasileño es de esos jugadores que por su carisma parece que jugaron aquí varias temporadas y en el recuerdo de todos está el mágico cántico «¡Uh, ah, Viola!, ¡Uh, ah, Viola!» , sus originales celebraciones y su extravagante peinado a lo senyera que alguno de vosotros copió de crío.

Viola debutó a finales de los 80 en Corinthians, y en 1994 ya era un delantero contrastado en su país. Un delantero demoledor, potente y fuerte, y no exento de técnica e imaginación, incluso alguna chilena acrobática se le recuerda. Tan bueno era, que fue uno de los 22 convocados para representar a la canarinha en el mundial de 1994, jugando unos minutos en la final y proclamándose campeón del mundo. En el Valencia post Lubo había un fuerte deseo por traer a un delantero brasileño, y en 1995 Viola se convirtió en el fichaje más caro de la historia del Valencia al pagar por él 500 millones de pesetas.

Estuvo la temporada del subcampeonato, le costó arrancar pero hizo una buen tramo final de campaña anotando ocho goles en los últimos once encuentros. No obstante, su carácter excéntrico dio que hablar tanto dentro del terreno de juego como fuera. Las tuvo con el gran capitán, Fernando Gómez Colomer, y con el sabio de Hortaleza que ya sabemos que no se achantaba con los futbolistas díscolos. Dejó carisma, un cántico para la historia, risas y también goles y jugadones, aun así se le consideró un pufo y, con la llegada de Romario, a Viola se le dio el billete de vuelta a Brasil.

Jugó en Palmeiras, Santos y Vasco da Gama antes de volver a Europa en 2002 para aventurarse en el Gaziantepspor turco. A partir de ahí llegó su declive y pasó por un sin fin de equipos brasileños modestos hasta su retiro con casi 50 años.

Además, su inimitable personalidad lo convirtió en personaje de realities brasileños y tuvo algún percance con unas armas que llevaba en su coche.

Una locura que haya jugado en cuatro décadas diferentes, inolvidable Viola.