Stefan Effenberg

El 4 de octubre de 1992, el Milan de Capello barrió a la Fiorentina en su propio campo y le endosó una memorable paliza. Los rossoneri se impusieron por 3-7 y eso que el equipo viola tenía hombres como Brian Laudrup, Batistuta o Stefan Effenberg en el terreno de juego.

Recordamos al «Tigre» especialmente en las noches europeas, ya con el Bayern, cuando salía a jugar con cara de pocos amigos dispuesto a enzarzarse con quien hiciera falta y, aunque hayan pasado los años, no cuesta imaginarlo encendido como una bombilla persiguiendo el cuero y al futbolista que lleve el cuero. No daba un balón por perdido, mostraba intensidad en cada lance del juego y transmitía su carácter peleón al equipo, todo un jefe en el centro del campo.

Stefan Effenberg, natural de Hamburgo, fue fichado en juveniles por el Borussia Mönchengladbach, club con el que debutaría en la Bundesliga y donde dejó muestras de tener una progresión enorme. En 1990 dio el salto al gigante de Baviera, y en 1992, cuando las estrellas de todo el planeta jugaban en la liga italiana, Effenberg fichó por la Fiorentina. No cuajó en Italia, y volvería a jugar en el Borussia Mönchengladbach y el Bayern de Munich esta vez dando su mejor nivel. Wolfsburgo y Al Arabi fueron sus últimos equipos, aunque se rumoreó que podía colgar las botas en el Atlético de Madrid.

Era un futbolista muy completo, incombustible, intenso, un pulmón, con buen toque de balón, fuerte y muy competitivo. Un tío de esos que nos gustaría ver vestido de corto pues corren tiempos donde escasean los guerreros. Ganó la Champions del 2001 con el Bayern.